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El día viernes 2 de octubre nos ha dejado definitivamente un valuarte de la numismática argentina, Carlos Agustín Costa quien había nacido en el barrio porteño de Flores el 15 de febrero de 1953.

Su vida dedicada a la numismática lo llevó a ganarse el afecto y el respeto de todos quienes lo conocieron y cultivaron sus charlas sobre la pasión que nos une, el coleccionismo de monedas.

Fue socio del CNBA durante muchos años, al cual concurría a todas las reuniones sociales que podía y guardaba en él sus más entrañables sentimientos, ya que allí siempre se sintió a gusto, como si fuera su segunda casa y también ampliamente comprendido en sus propuestas e intenciones.

Había desarrollado una larga trayectoria y profusa actividad en el Parque Rivadavia. En el sector destinado a los libros, en donde compartía un puesto con su socio y en la “Feria del Ombú” donde se dedicó con exclusividad a promover la numismática. Además era representante de dicha Feria ante las autoridades del gobierno de la Ciudad.

Incursionó además en la numismática arqueológica, de la cual fue un impulsor único, siendo parte fundamental del grupo “Pegasus” y creador de un mercado muy particular en el coleccionismo de la moneda griega y romana, el cual no hubiera llegado a tantas personas si no hubiera sido por su constante impulso y desinteresada labor en su favor.

La conducta intachable y honradez acrisolada fueron algunos de los tantos elementos que le valía como reconocimiento de sus pares. Fue un hombre de estima y consideración pocas veces igualado por parte de los coleccionistas que recurrían a él.

Su mayor característica ha sido la de maestro, ya que consideraba que su función en la “Feria del Ombú” era ejercer la enseñanza para todos aquellos que tenían a la numismática como su pasión fundamental. Siempre sostuvo que se debían formar a los coleccionistas y principalmente a quienes comenzaban en dicha pasión.

Todos los domingos, concurría al Parque Rivadavia desde horas muy tempranas, aún en días lluviosos o muy fríos, previo desayuno en el bar “El Coleccionista” al cual regresaba invariablemente una vez terminada su jornada en el puesto de la feria. Allí nuevamente continuaba su actividad, café por medio, con los amigos de siempre, extendiéndose hasta bien avanzada la tarde.

No pudo concluir con algunos proyectos que tenía en mente, pero su alma y espíritu no solo seguirá presente entre todos aquellos que lo conocieron, sino por, sobre todo, seguirá vigente el la “Feria del Ombú” a la cual dedicó su vida por entero.

Nuestras condolencias a sus familiares y amigos más íntimos.