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El Teatro de la Alegría, una curiosa ficha de entrada

Poco se ha escrito sobre este pequeño teatro porteño denominado Alegría o de la Alegría (1); apenas unas cortas menciones en los clásicos libros de Bosch, Taullard o Llanes y a excepción de la crónica detallada de las compañías que allí actuaron, son generalidades aplicables a cualquier otro teatro de esa época.

A partir de la década de 1870. o poco antes, proliferaron en Buenos Aires diversas salas dedicadas a géneros menores como las zarzuelas, las óperas bufas, las pantomimas con la participación de ilusionistas y payasos, muy parecidas a los cafés concert de hoy. La alta sociedad porteña prefería en cambio las grandes compañías italianas, francesas y españolas que actuaban en teatros de mayor prestigio como el Colón, considerado en su momento el más importante de nuestra ciudad, el de la Victoria, el Argentino, Politeama, Opera, etc., donde podían deleitarse escuchando a los más renombrados artistas líricos de entonces.

El Teatro de la Alegría

Otro público tenían el Bataclán, el Pasatiempo, el Olímpico, el Alcázar, el Jardín Esmeralda, el Porvenir, etcétera, donde alternaban compañías de aficionados con espectáculos circenses, incluyendo títeres, prestidigitadores y piezas de subido tono. Algunos incluyen al Alegría entre estos teatros menores, pero éste, aunque pequeño en sus dimensiones fue suntuoso y coqueto en sus inicios y sala de moda, para decaer luego frente a la competencia y terminar cerrando sus puertas después de funcionar casi ininterrumpidamente, poco más de una década.

Se construyó en un terreno de la calle Chacabuco 75, hoy 174, entre Hipólito Irigoyen y Alsina, de 15,5 metros de frente por 61 de fondo, propiedad de don Ramón Berraondo, quien junto a Roberto Cano y otros, formaron la Sociedad Anónima Teatro Alegría, siendo uno de los accionistas el actor español Vicente Jordan, que fue además su primer empresario-gerente.

Tres grandes puertas de entrada daban a un salón por donde se accedía a los 150 palcos en dos hileras y las 300 tertulias, con una capacidad total de 900 personas. Tres ventanales daban a la calle en el primer piso, protegidos por un balcón de hierro abarcando toda la fachada que culminaba en un frente en forma de triángulo coronado por una hermosa estatua de Euterpe, diosa de la música, que se conservaba todavía a principios de siglo.

La inauguración, el 23 de Mayo de 1870, fue muy auspiciosa. Se estrenó la zarzuela “marina” con un lleno completo, lo que movió a un diario porteño a comentar la admiración que había causado “el nuevo Teatro de la Alegría” señalando la gran cantidad de señoras que habían concurrido. “El personal de la compañía, las graciosas zarzuelas que se ponen en escena y lo pintoresco del recinto, son atractivos bastante poderosos como para augurar un éxito brillante a los empresarios y directores”. Y finalizaba: “El público se ha precipitado con furor impulsado por una doble y ardiente curiosidad: la sala y la compañía. La primera es la más bella y elegante de Buenos Aries; la segunda es lo primero que se ha visto y oído entre nosotros” y hace a continuación una detallada descripción de los diversos tenores, barítonos y bajos, además de los actores cómicos.

Pocos días antes, se habían puesto a la venta los abonos para 30 funciones en tres turnos a los siguientes precios:

Palcos - 100 Pesos corrientes
Tertulias de anfiteatro y galerías - 20 Pesos ídem
Tertulias de orquesta - 15 Pesos ídem
Plateas - 10 Pesos ídem
Cazuelas - 10 Pesos ídem
Entrada general - 10 Pesos ídem


Los abonados tenían sobre estos precios un 20 por ciento de descuento. El teatro, aunque de reducidas dimensiones, estaba puesto con muy buen gusto. Una gacetilla de La Prensa resalta esta última circunstancia: “el Teatro de la Alegría es el chiche de moda. El mundo elegante está de cita en el Alegría. Me han dicho que bastantes diputados y senadores de la Provincia han tomado temporada. Anoche estaba el teatro de bote a bote. No cabía un alfiler, como se dice vulgarmente”.

El Teatro de la Alegría

Y culminaba el comentario: “ Ir a la Alegría es gozar, lo demás es cuento. Yo soy quien lo digo y no miento. ¡Qué musa la mía! ¡Y qué teatro La Alegría!” (2)

No obstante la existencia de salas líricas de mayor jerarquía, en el Alegría debutó el renombrado tenor Ernesto Rossi, el 6 de Octubre de 1871 con el melodrama francés “Los dos sargentos”. Se mantuvo en cartel durante 18 triunfales presentaciones hasta que el 7 de Noviembre pasó al Colón, más a tono con su talento, aunque dicen que siendo el Alegría mucho más pequeño, el lucimiento del famoso divo fue mayor.

La actuación de Rossi había generado una enorme expectativa y el final de su debut, al decir de un cronista de la época, hizo vibrar “las paredes del teatro sacudidas por los frenéticos aplausos con que el auditorio ovacionó al artista” . El poeta Guido Spano le dedicó una hermosa poesía, la que contestó Rossi en italiano con otros inspirados versos dedicados a Guido.

Los primeros años de la década del 70 fueron de apogeo de este pequeño pero atractivo teatro, que centraba su actividad en las compañías españolas, de zarzuelas, los conciertos, comedias y sinfonías. Permaneció cerrado durante la epidemia de fiebre amarilla pero después, fue tan grande su actividad que la empresa debió habilitarlo para representar espectáculos por la tarde, “sabiendo que hay infinidad de familias que no pueden asistir a las funciones por la noche”.

De esta época debe datar la curiosa ficha que da subtítulo a este trabajo, catalogada por primera vez por H.F. Burzio. En el anverso, en campo liso, y dentro de una gráfila perlada en tres líneas se lee: TEATRO / DE LA / ALEGRIA. En el campo similar del reverso, también en tres líneas: ENTRADA / NO ES / TRASMISIBLE. Es de bronce de 31,5 mm. de diámetro (3).

Tanto para Carnaval como en Navidad, se daban funciones especiales con bailes de máscaras que empezaban a las once de la noche y concluían a las cuatro de la mañana; las señoras y señoritas tenían entrada gratis y los caballeros podían alquilar palcos por 60 pesos o pagar 25 de entrada individual.

Poco a poco, la calidad de las representaciones fue disminuyendo y se sucedieron taimen diversos empresarios. Muchos nombres de grandes artistas carecen hoy de significado, aunque en su época Carolina Civili Palau, Rita Carbajo, Leopoldo Baron, Hernán Cortés, Joaquín de la Costa, Luis Cubas, Joaquín Cuello y otros, constituyeron sucesos clamorosos. El público obsequiaba a sus artistas preferidos con flores, álbumes, medallas de oro, guirnaldas y joyas.

Las buenas compañías se fueron espaciando y se inició así una larga decadencia de esta sala, imposibilitada de competir con otras más modernas. El teatro comenzó a ser alquilado para bailes particulares y firmas rematadoras.

El último empresario del Alegría, don Daniel Latham, mantuvo en los primeros meses de 1885 una acalorada polémica con Arsenio Tauban, empresario del Teatro Variedades, que llegó a la justicia y fue finalmente resuelta por el concurso de un árbitro. Se trataba de la rescisión, por parte de este último, de un contrato para traer de París una gran compañía de ópera cómica. Tauban debió pagar una indemnización de 1000 pesos y Latham devolver las partituras de óperas, operetas y orquestaciones que retenía en su poder como garantía.

El Teatro de la Alegría

La compañía de Latham representó una ópera en inglés titulada “Black eyed Susan” el 30 de Mayo de 1885 y más tarde otras piezas en inglés con escaso éxito. En Junio de ese año debutó una compañía dramática española dirigida por el primer actor Hernán Cortés. Después de media docena de funciones de abono, se dio una benéfica el 11 de Julio a favor de la viuda y huérfanos del actor José Arrizola y la última representación con que cerró el Alegría su vida pública, fue el 12 de Julio de 1885 con dos comedias: “Amor de madre” y “Dimes y Diretes” a total beneficio del Asilo de Mendigos.

La “Gran Guía Bash” de 1886 consigna simplemente: “Teatro Alegría, cerrado”. Contrariamente a lo que opinan algunos autores, el edificio no fue demolido entonces, sino en 1909 cuando fue adquirido por la empresa editora de Caras y Caretas. En el número del 9 de Octubre de ese año, esta revista porteña trae la noticia de la demolición con una crónica retrospectiva de este singular teatro porteño, cuya evocación pudimos hacer merced a la ficha de bronce que lo ha sobrevivido como mudo testimonio de su presencia.

(1) No debe confundirse con el Circo Alegría que se demolió en 1878 para edificar en su lugar el Politeama Argentino, ni con el viejo Teatro de Flores que a principios de siglo se denominaba Alegría. En el solar de este último se erigió el Cine Pueyrredón.

(2) La prensa, 3 de Junio de 1870.

(3) Burzio, H. F. “Buenos Aires en la medalla”. Tomo I, pág. 366. Medalla 1050. No conocemos bien cuál era el uso de esta ficha de entrada, si se entregaba como contraseña en los entreactos o se otorgaba de favor para acceder al espectáculo. De ambas formas, lo de “no trasmisible” suena como utópico, ya que siendo anónima no existe forma de identificar al usuario, salvo controlar con una planilla el nombre de los beneficiarios.


Arnaldo J. Cunietti-Ferrando

Publicado en Cuadernos de Numismática - N° 96 - Junio 1995 - pág. 47